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Revisión del 09:00 25 ene 2018


El riesgo de la deshidratación

Las altas temperaturas, típicas del verano en el Hemisferio Sur, suelen provocar golpes de calor en los seres humanos cuando se prolongan por varios días. Uno de los problemas más severos –y menos reconocidos- durante los días de calor es la deshidratación. Bebés, niños y adultos mayores son los que más la sufren sin darse cuenta. De ahí la importancia de beber líquido –en lo posible, agua- en cantidad suficiente durante los meses de enero y febrero. Mucho más, si se practica ejercicio físico al aire libre.

El riesgo de la deshidratación

El organismo humano está compuesto en dos terceras partes por agua. El líquido –en forma de sangre, por ejemplo- es fundamental para conducir los nutrientes y el oxígeno hacia todos los órganos y tejidos, incluyendo el cerebro y el corazón. Cuando el organismo no tiene el suficiente volumen de agua para funcionar correctamente, la vida puede correr serio peligro.

La deshidratación puede ser producto de la transpiración y la orina frecuente, dos mecanismos que se ponen en marcha cuando hace calor. Pero también puede resultar de beber menos agua de la necesaria, sin darse cuenta. Los adultos deshidratados pueden presentar síntomas como sed extrema, orina de color oscuro, confusión, fatiga, mareos, calambres o taquicardia. Los niños pueden mostrarse irritables o somnolientos, tener diarrea o llorar sin lágrimas.

¿Cuánta agua hay que tomar por día? No hay consenso al respecto, pero se recomienda generalmente un mínimo de ocho vasos (o dos litros) diarios. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los hombres adultos tienen que consumir unos 2,9 litros de fluido diario para hidratarse, mientras que las mujeres adultas deberían ingerir 2,2 litros por día. Las mujeres embarazadas deben tomar más líquido y las que amamantan no deben consumir menos de 3 litros diarios (unos 13 vasos), aunque lo aconsejable es más de 5 litros.

Según la Academia de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos, los hombres deberían tomar 3,7 litros de líquido diario (unas 15 tazas) y las mujeres, unos 2,7 litros (11 tazas), pero hay que tener en cuenta que los alimentos, especialmente las frutas y las verduras, y las bebidas, como el té, el café, la leche y el mate, aportan líquido. Aproximadamente, el 20% del fluido ingerido cada día proviene de los alimentos, mientras el 80% proviene de las bebidas.


El riesgo de la deshidratación


Actualmente, existen aplicaciones celulares que emiten alarmas cuando ha pasado mucho tiempo sin tomar agua o el calor es extremo. Otras apps (como Aqualert, Hydrocoach, O.R.S. Hydration Calculator) calculan la hidratación para cada persona según peso, sexo, altura, edad y otros parámetros individuales.

En pacientes con hipertensión arterial o insuficiencia cardíaca hay que tener especiales cuidados con el líquido que se consume a diario en verano, ya que medicaciones como los diuréticos aumentan la pérdida de agua y, con el calor, los pacientes pueden deshidratarse más rápidamente. Es importante que los pacientes con problemas cardíacos o renales consulten al médico de cabecera para estar seguros de no deshidratarse ni beber en exceso en verano.


Acceso al agua limpia

El consumo de agua es muy variable en distintos lugares del mundo. Mientras los habitantes de países desarrollados pueden disponer de unos 400 litros de agua diarios para higiene y consumo personal, el promedio en países de América Latina es de 135 litros diarios, aproximadamente. Alrededor de 40 millones de latinoamericanos aún no tienen acceso a agua potable en sus hogares.

En la Argentina, el consumo de agua per cápita es alto. En la Ciudad de Buenos Aires, la estimación actual ronda los 270 litros por persona por día, pero la disponibilidad de agua es más baja en otras ciudades del país.

A pesar de que se derrocha agua en muchos lugares, alrededor de 7 millones de argentinos no tienen todavía acceso a agua potable, según datos del Plan Nacional del Agua. Cada verano, la deshidratación afecta a muchos niños y adultos, ocasionando enfermedades y hospitalizaciones que podrían prevenirse con un consumo abundante de agua limpia.


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